Messi no significa nada para Florencia Peña. Esa es la única explicación

La falsa noticia sobre la muerte de Jorge Messi dejó una pregunta incómoda. ¿Cómo alguien puede comunicar algo tan grave con tanta facilidad? Quizás la respuesta esté en lo que Messi representa para cada argentino.

Cuando Florencia Peña anunció al aire la supuesta muerte de Jorge Messi, padre de Lionel Messi, el país asistió a una escena difícil de creer. Minutos después se supo que la información era falsa. Llegaron las disculpas, las explicaciones y los comunicados. Se habló de una productora que acercó el dato, de una falla en los controles y de un error humano producto del apuro.

Todo eso puede ser cierto.

Sin embargo, ninguna de esas explicaciones alcanza para comprender completamente lo ocurrido.

Porque una cosa es equivocarse con una información política, con una encuesta o con un dato económico. Otra muy distinta es anunciar la muerte de una persona. Y mucho más cuando esa persona forma parte de la familia de Lionel Messi.

La defensa más repetida sostiene que Florencia Peña no es periodista. Si bien es cierto que no posee la formación profesional que lleva a muchos periodistas a desconfiar de una primicia hasta confirmarla por varias fuentes, tampoco parece creible que el problema principal pase por ahí.

Hay algo más profundo.

Todos los seres humanos desarrollamos límites naturales frente a determinadas personas o situaciones. Son barreras que no necesariamente nacen de una profesión sino de la valoración que hacemos de quienes tenemos enfrente. Cuando alguien nos importa, cuando alguien nos genera admiración o respeto, solemos actuar con mayor prudencia. Verificamos una vez más. Dudamos. Nos detenemos.

Por eso cuesta aceptar que todo se reduzca a una simple equivocación operativa.

Porque para millones de personas en el mundo Lionel Messi no es un deportista más. Es una figura extraordinaria que logró algo que la política, los medios, el sindicalismo, los empresarios y prácticamente cualquier institución argentina hace décadas no consiguen: unir emocionalmente a una sociedad profundamente fragmentada.

Messi representa esfuerzo, perseverancia, humildad y excelencia. Representa también una de las pocas alegrías colectivas genuinas que atravesaron a todas las generaciones y a todos los sectores sociales del país.

Su familia, nos guste o no, forma parte de esa historia.

Por eso cuesta imaginar que alguien verdaderamente consciente de lo que representa Messi pudiera comunicar con semejante liviandad una noticia tan devastadora sobre su padre.

Y es allí donde aparece una conclusión incómoda.

Tal vez el problema no haya sido solamente la falta de chequeo. Tal vez el problema sea que Messi no significa nada para Florencia Peña. Solamente, no lo quiere.

No se trata de admirarlo. Nadie está obligado a hacerlo.

No se trata de ser hincha suyo. Tampoco es una obligación.

Se trata de comprender el peso simbólico que tiene para millones de personas.

Porque cuando uno entiende verdaderamente quién es Messi para la Argentina, aparecen reflejos naturales de prudencia. Aparece el temor a equivocarse. Aparece la conciencia del daño que puede generar una información falsa.

Nada de eso pareció ocurrir.

Y por eso la explicación oficial deja gusto a poco.

La productora pudo haberse equivocado. La fuente pudo haber sido falsa. La información pudo haber llegado contaminada desde el origen. Pero la decisión final de comunicarla fue de quien tenía el micrófono delante.

En una época donde los medios tradicionales pierden influencia y los streamings ganan protagonismo, este episodio también deja una advertencia. No alcanza con tener audiencia. No alcanza con tener seguidores. No alcanza con tener repercusión.

La comunicación pública implica responsabilidades.

Y esas responsabilidades son mayores cuando se habla de personas que forman parte del patrimonio afectivo de millones.

Quizás Florencia Peña no tuvo mala intención. No tengo elementos para afirmar lo contrario.

Pero sí creo que la facilidad con la que comunicó una noticia tan grave revela una distancia emocional evidente respecto de aquello que estaba contando.

Porque cuando algo nos importa, actuamos distinto.

Cuando alguien nos importa, hablamos distinto.

Y cuando comprendemos realmente lo que una persona representa para una sociedad, nos cuidamos mucho más antes de anunciar una tragedia.

Por eso sigo pensando que la explicación no está en la productora, ni en el apuro, ni en la dinámica del streaming.

La explicación es mucho más simple.

Messi no significa nada para Florencia Peña.

Y justamente por eso pudo decirlo con tanta facilidad.