El Congreso prepara una cascada de acusaciones contra Adorni

La oposición busca reunir quórum para avanzar con la interpelación de Manuel Adorni, mientras los bloques aliados al Gobierno evitan definiciones y esperan señales de la Casa Rosada.

La próxima semana podría marcar un punto de inflexión para Manuel Adorni. Mientras la oposición trabaja para reunir el quórum necesario que permita abrir una sesión especial en la Cámara de Diputados, el oficialismo enfrenta uno de los desafíos parlamentarios más delicados desde el inicio de la gestión de Javier Milei.

El escenario es tan incierto como revelador. Nadie discute ya la gravedad política del caso que involucra al jefe de Gabinete. La discusión pasa por otro lado: quiénes estarán dispuestos a exponer públicamente su posición y quiénes intentarán refugiarse en la ambigüedad para evitar costos políticos.

La sesión convocada para el próximo martes tiene como objetivo avanzar con distintos mecanismos parlamentarios contra Adorni. Sin embargo, antes de cualquier debate, la oposición deberá superar el primer obstáculo: reunir el número de diputados necesarios para habilitar el funcionamiento del recinto. Allí aparece la verdadera batalla política.

Los números muestran que el kirchnerismo, la izquierda, la Coalición Cívica y otros sectores opositores todavía necesitan sumar voluntades para alcanzar el quórum. Por eso todas las miradas están puestas sobre los bloques dialoguistas, los gobernadores aliados y aquellos espacios que en los últimos meses oscilaron entre acompañar al Gobierno y marcar distancia de algunas decisiones de la Casa Rosada.

La situación es particularmente incómoda para el PRO y para parte de la Unión Cívica Radical. Ambos espacios han manifestado críticas públicas hacia Adorni e incluso algunos de sus dirigentes sostienen que debería dar explicaciones más contundentes o abandonar su cargo. Sin embargo, una cosa es cuestionar públicamente y otra muy distinta sentarse en una sesión impulsada principalmente por el kirchnerismo para avanzar contra uno de los principales funcionarios del Gobierno nacional.

Ese dilema explica buena parte de las especulaciones que dominan la previa parlamentaria.

Si bajan al recinto, podrían facilitar una derrota política para Milei. Si no lo hacen, correrán el riesgo de ser acusados de proteger a un funcionario cuestionado. Es una ecuación incómoda que explica por qué, a pocos días de la sesión, muchos legisladores todavía prefieren no anticipar públicamente su posición.

La incertidumbre también atraviesa a los bloques vinculados a gobernadores provinciales que mantienen una relación de cooperación con la Casa Rosada. Desde Catamarca, Tucumán, Salta, Misiones y otras provincias surgieron mensajes de cautela y prudencia. En la mayoría de los casos el razonamiento es similar: consideran que la situación de Adorni debería ser resuelta por el propio Poder Ejecutivo antes de obligar a sus aliados parlamentarios a quedar atrapados en una votación incómoda.

Lo que subyace detrás de esas posiciones es una realidad política evidente. Muchos gobernadores necesitan mantener canales de diálogo con el Gobierno nacional para gestionar recursos, obras y acuerdos institucionales. Pero al mismo tiempo tampoco quieren quedar asociados a un caso que se ha convertido en uno de los principales problemas políticos de la administración Milei.

Por eso la palabra que más se escucha en los despachos legislativos es “esperar”.

Esperar una señal de la Casa Rosada.

Esperar una definición judicial.

Esperar un movimiento de Adorni.

Esperar cualquier acontecimiento que permita evitar una definición propia.

Sin embargo, el tiempo se agota.

La oposición considera que el tema ya trascendió las fronteras partidarias y que el Congreso tiene la obligación de actuar. Algunos legisladores sostienen que la Cámara no puede mirar hacia otro lado frente a las denuncias y cuestionamientos que pesan sobre el jefe de Gabinete. En ese contexto, el debate sobre el quórum se transformó en una discusión sobre responsabilidades políticas.

Mientras tanto, el Gobierno apuesta a una estrategia conocida: resistir. Milei continúa respaldando públicamente a Adorni y, al menos por ahora, no existen señales concretas de que la Casa Rosada esté evaluando desplazarlo. Esa postura obliga a los aliados a tomar decisiones cada vez más difíciles y aumenta la tensión de cara a la sesión de la próxima semana.

El resultado sigue abierto.

La oposición todavía no tiene garantizado el quórum y el oficialismo tampoco puede asegurar que sus aliados le darán la espalda a la convocatoria. En un Congreso donde los números son ajustados y las lealtades suelen ser circunstanciales, unas pocas bancas pueden definir el desenlace.

Por eso el martes no solamente se pondrá a prueba la continuidad política de Manuel Adorni. También quedará expuesto el verdadero grado de compromiso que los aliados del Gobierno están dispuestos a asumir para sostener a un funcionario que se ha convertido en una carga cada vez más pesada para la administración libertaria.