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Boca: La Gestión y los Valores perdieron frente a la Pasión

Andrés Ibarra hizo su campaña bajo el eslogan «Pasión + Gestión», pero indudablemente ganó la pasión por sobre la gestión.

Andrés Ibarra encabezó un proyecto que parecía, y que resultó imposible: ganarle a uno de los máximos ídolos que tiene Boca, como Juan Román Riquelme. Pero la diferencia más marcada entre Ibarra, junto a Macri, y Riquelme quizás fue generacional. Mientras el 10 se convertía en un líder revolucionario de consignas populares frente al supuesto poder opresor, Ibarra se mostró como una persona que hablaba del futuro, de valores, de institucionalidad y de organización. Y eso fue casi un choque cultural que le costó caro.

No hay ninguna duda, al menos entre debates libres de fanatismos, de que Andrés Ibarra es una persona, por lejos, mucho más idónea que Riquelme para administrar un presupuesto de casi diez mil millones de pesos en 2024. Tampoco hay ninguna duda de que la experiencia de Ibarra para armar equipos de trabajo de gestión es excelsa. De hecho, en el sector privado, sería casi imposible que Riquelme pudiese ser elegido por sobre Ibarra para ocupar cargos gerenciales y administrativos. Pero la democracia necesita candidatos que sean capaces de enamorar al votante. Hay una gran diferencia entre un buen candidato y un buen dirigente. Y Riquelme era un gran candidato.

El choque cultural con el que se enfrentó Andrés Ibarra probablemente le quite el sueño muchas noches. Porque incluso desde la elección del futuro técnico de su gestión, como Martín Palermo, otro de los ídolos máximos de Boca, era un mensaje de valores y organización. A diferencia de Román, Martín está ligado a valores muy sólidos, confiabilidad y estabilidad emocional, aunque su apodo sea El Loco. Y Riquelme, mucho más asociado a valores del barrio, con todo lo que eso significa.

En las mesas de vitalicios ganaron Ibarra y Macri, y eso es un dato. Sin dudas, como ocurrió en la elección de 2019, los jóvenes votaron masivamente a Riquelme, y los más grandes a Ibarra y Macri, aunque está claro que esto no es tan lineal, seguramente es la tendencia en la composición del voto riquelmista. Y en este punto, por tanto, está el choque generacional, porque los pibes necesitan un líder y un enemigo. Un esquema muy estudiado por el kirchnerismo y también por la Libertad Avanza, aunque con consignas opuestas. Y la corrección, la capacidad y los pergaminos de Andrés Ibarra frente a esa necesidad de un líder, obviamente no alcanzaron frente a un ídolo de discurso populista, más joven y un amor de los bosteros ganado a fuerza de pisadas, gambetas, títulos y goles.

Andrés Ibarra hizo su campaña bajo el eslogan «Pasión + Gestión», pero indudablemente ganó la pasión por sobre la gestión.

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